La Cultura que todo lo permea. Una mano visible cultural.

“Creer en lo que cantamos, valorar lo que poseemos, apropiarnos y transmitir con amor nuestras tradiciones son pilares para garantizar su continuidad ".

Nidia Góngora

Nidia Gngora

Nacer en Timbiquí es como nacer en el agua. No es casualidad que hasta su himno municipal diga que “Tus quebradas y ríos se juntan para hacer de ti un canto de amor”, que sus marimbas tradicionales suenen a río, a murmullo en la bahía, a manglares movidos por el constante golpeteo de las ondas del líquido omnipresente, o que sus sones más tradicionales tengan nombres tan fluidos y móviles como arrullos, jugas, currulaos, aguabajos o berejús.

Allí nació Nidia Góngora. Y creció en medio de marimbas, cununos, guasás y bombos. Oyó repicar los sonidos del Pacífico en las casas vecinas, donde se construían los instrumentos a mano, y aprendió a cantar y a llevar en la sangre su música para divulgarla y cantarla.

De hecho, Nidia comenzó a cantar en 2001 y ha hecho un recorrido que se recoge en el grupo Canalón de Timbiquí y en otros procesos internacionales con artistas como Quantic o Pazcífico Sinfónico. Ella ha sido la voz de grandes himnos del Pacífico como La memoria de Justino y Quítate de mi escalera, que sin circular en la radio entonan más de cien mil personas cada año en el Festival Petronio Álvarez. En efecto, no sólo eso, sino que con su grupo Canalón cambió la canción del cumpleaños de una región, que hoy solo canta y escucha en cada aniversario la canción Cumpleaños feliz, donde su voz a diario es un referente de vida, celebración y ancestralidad, con un fondo de marimba, cununo y guasá; una canción festiva que es un recordatorio permanente de identidad.

No fue fácil. Las mujeres en su región preservan y transmiten la música dentro de la comunidad, pero cuando deciden dedicarse a la música como proyecto de vida y vivir de ello, los hombres se arraigan al machismo y suelen hacerles oposición. Pero Nidia insistió. Para ella, la música era tan natural como la vida misma. Su apuesta era vivir de ello. Y así lo hizo. Lo que logró más adelante fue lo que convirtió a su trabajo en algo tan expansivo como las mareas del océano Pacífico: fue más allá de su propio amor por la música para convertirlo en una apuesta de territorio.

Amaba la innovación (de hecho ha colaborado en proyectos como Kilates, Ondatrópica, Quantic), pero luego de ganar en 2002 tres premios en el Petronio Álvarez –incluida mejor intérprete vocal– tuvo la claridad de que era crucial conservar la tradición para que de allí, de la música de aquellas tierras bañadas por ríos y mares, surgieran las propuestas musicales capaces de transformar a su comunidad. Ella que dedicó una parte de su vida a la docencia, sabía la importancia de crear una Escuela para trascender y formar nuevas generaciones de líderes de tradición en el Pacífico. Así, se dedicó a través de la Escuela Canalón a incentivar a los niños y a fomentar el amor y la apropiación de las músicas tradicionales y autóctonas en la diáspora del Pacífico en Cali.

Nidia ha sido una mano visible desde siempre, pero fue en Canto Pazcífico en su primera versión, en el proceso de fortalecimiento de la Red de Cantadoras del Pacífico Sur y cultura de paz, cuando como tutora y codirectora comenzó su trayecto, que también incluyó la inclusión de la Escuela Canalón como un proceso líder cultural que integró el MingaLab. Nidia es la cantadora joven con mayor proyección de la región, que mantiene la conexión con sus raíces, reconoce su responsabilidad social y sigue como la definen sus colegas, siendo una gran Maestra joven de la tradición.

Nidia Góngora lo deja en claro: “Canto Pazcífico es un programa de intercambio que les permite a las cantadoras participantes reconocerse y mirar hacia dentro de las potencialidades musicales y sociales”.

Nidia enfatiza: “Creer en lo que cantamos, valorar lo que poseemos, apropiarnos y transmitir con amor nuestras tradiciones, que son pilares para garantizar su continuidad”.

Gracias a su impulso y a la unión con otras cantadoras, los arrullos y los currulaos, que subsisten gracias a las voces femeninas como elemento primordial a la hora de contar las historias, seguirán oyéndose y cohesionando a su comunidad a través de la cultura.

Y gracias a Manos Visibles, enfatiza, se ha desarrollado y ha adquirido “herramientas que me han servido para perfeccionar la labor que vengo realizando, no solo como música, sino como líder y mujer portadora de tradición. De la mano de la corporación se ha proyectado la Escuela Canalón y se ha visibilizado el trabajo que venimos realizando. Y gracias a Manos Visibles he podido reencontrarme con el conocimiento de las cantadoras. Lo que transmiten también me ha transformado a mí ”.

Hoy, con su impulso y su Escuela Canalón, ubicada en el barrio Ciudad Córdoba, en el oriente de Cali, rescata la tradición oral y la riqueza musical del Pacífico. Nidia sabe que la cultura, como el agua que rodea Timbiquí, lo permea todo. Si se pierde aquello que hace única a su comunidad, se secaría el afluente que nutre la diferencia. Si se cuida, hará posible el futuro y preservará el presente. Cada canto hace posible que el Pacífico se oiga y se expanda. Cada voz que se suma dignifica a las cantadoras y profundiza su rol dentro del entramado social de la comunidad, y abre posibilidades para que más niños y niñas encuentren en el arte un camino y un sentido.