Construcción de Paz, la apuesta de una Palenquera

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“No sólo aporto a la reconstrucción de la vida y el tejido social, (…) además comparto mis experiencias como lideresa y los motivo para que puedan salir adelante”.

Kairen Gutierrez - Gestión del Desarrollo para Mujeres​ ​Líderes. Cartagena (2011-2012).

Kairen creció con una certeza, la misma que cargan todos los habitantes del Palenque de San Basilio, en Bolívar: ella es africana.

 

Hoy, ninguno de los 3.500 habitantes de este territorio del municipio de Mahates, ubicado a 50 kilómetros de Cartagena, sabe exactamente si sus antepasados provienen de Angola, Costa de Marfil, Nigeria, Senegal o Guinea. Eso es lo de menos. Lo que sí saben con claridad es que el oeste de África fue despojado de habitantes por los mercaderes negreros y que los primeros africanos que llegaron a nuestro continente y escaparon de la condición forzosa de la esclavitud fueron unos valientes decididos a defender la libertad. Hoy, herederos como Kairen preservan su legado a punta de tambores, peinados, cultura, lengua y defensa de sus derechos.

Por su héroe, Benkos Biohó, quien los proclamó el primer pueblo libre de América, han aprendido a luchar para preservar la cultura afrocolombiana. Incluso más allá del Palenque de San Basilio, como lo hace en Cartagena esta joven aguerrida que forma parte del Movimiento Social Afro y quien lidera los Procesos de las Comunidades Negras (PCN) y la asociación de jóvenes Benkos Ku Suto.

 

“Quiero vivir en una sociedad incluyente, digna y humana. Hay que defender nuestros procesos”, dice, para resumir su trabajo.

 

Aunque su vida ha transcurrido en Cartagena porque se mudó allí desde que tenía dos meses de nacida cuando su papá fue asesinado y su mamá asumió la responsabilidad de sus dos hijas, desde pequeña entendió que debía defender la causa de su pueblo. Mujeres como su madre, palenquera de origen, trabajaba y aún lo hace en las playas de Bocagrande, haciendo trenzas y masajes a los turistas.

Las palenqueras que llevan poncheras en la cabeza cargadas de frutas se convirtieron en el símbolo de la ciudad, y aunque se les mostraba como lo más destacado de Cartagena hacia el mundo, dentro del casco histórico se les perseguía y se les restringía el acceso a los lugares públicos. Ahí entró Kairen en acción: desde la Asociación de Mujeres Afrodescendientes y del Caribe las defendió como sujetos de derechos.

Ya estaba acostumbrada a defender sus ideas. De niña, no la dejaban usar trenzas. Tuvo que empezar una movilización para que entendieran que eso no violentaba ningún sistema. Eso la llevó a entender que no podía conformarse con ser una joven del común sino que había nacido para defender los derechos de las personas excluidas. Muy joven aún ayudó en la construcción del Consejo Comunitario y se empeñó en fortalecerse intelectualmente, porque sabía que el conocimiento de lo político y la profundización sobre los derechos de las comunidades negras le permitía ganar espacios para la toma de decisiones.

 

Por eso considera el momento más feliz de su vida cuando en 2012 el Concejo de Cartagena aprobó la política pública para las comunidades palenqueras y logró convertir al suyo en el primer municipio con una política afro aprobada desde el Concejo Municipal.

Ahora, esta coordinadora de víctimas de Bolívar que forma parte de la primera generación de líderes de Manos Visibles en Cartagena apoya los procesos de fortalecimiento de la identidad, acude a los barrios menos favorecidos para dar charlas sobre los derechos de las comunidades negras y se la juega por la educación como la salida más clara para romper el círculo de la pobreza y mejorar las condiciones de vida de los afrocolombianos.

En su oficina de 15 metros cuadrados, en medio de afiches y con un intenso calor, y tras doce años de trabajo en el fortalecimiento de su cultura, Kairen sigue trabajando por su comunidad y ya ve resultados: los jóvenes no rehúyen de su cultura sino que, por el contrario, la defienden; los peinados reafirman la africanía; el color de piel ahora es motivo de orgullo y su causa de dignidad encuentra eco.

La educación como eje del cambio los catapultará al verdadero cambio que busca: defender un legado que se ha preservado durante medio milenio: alcanzar la equidad y proteger la cultura con más jóvenes y líderes preparados para propiciar cambios sin perder sus raíces africanas.

 

Ahora, trabaja en un tema que la emociona y a la vez la compromete: establecer un enfoque diferencial y étnico con las víctimas del conflicto armado. Esa labor la adelanta en la Dirección Territorial para Bolívar y San Andrés, donde se encarga de trabajar en medidas de satisfacción para las víctimas, en llevar a cabo actos simbólicos de reconciliación y perdón, y en hacer acompañamiento para una inversión adecuada de los recursos que se reciben por parte de la Unidad de Víctimas. “Es una labor comprometida y muy gratificante”, asegura, con orgullo evidente:

“No sólo aporto a la reconstrucción de la vida y el tejido social de las víctimas que han sufrido tanto por este conflicto armado, sino que además comparto mis experiencias como lideresa y los motivo para que puedan salir adelante y reconstruir sus vidas”.

 

Entonces hace una pausa. Sopesa la última frase. Y cuando por fin la pronuncia, reafirma un propósito de vida al que le dedica su alma y las horas más preciadas de su juventud:

“Todo esto es para que el conflicto armado, que ha arrebatado la paz de tantas familias, no les arrebate ahora la esperanza”.